Autónomos que retrasan la jubilación: por qué es más frecuente

Autónomos que retrasan la jubilación: por qué cada vez es más común

Autónomos que retrasan la jubilación: por qué cada vez es más común

En los últimos años, el perfil del trabajador autónomo en España está cambiando de forma clara: cada vez más profesionales deciden alargar su vida laboral más allá de la edad ordinaria de jubilación para mejorar la pensión que percibirán durante el resto de su vida. No se trata de casos aislados, sino de una pauta sostenida que se ha intensificado tras las reformas aprobadas recientemente y que está transformando la manera de planificar el retiro.

El motivo de fondo es conocido por muchos autónomos: las cotizaciones históricamente más bajas del colectivo suelen traducirse en pensiones inferiores a las del Régimen General. Ante este escenario, retrasar uno o dos años la jubilación puede marcar una diferencia relevante en el ingreso mensual futuro. Además, hoy existen fórmulas más flexibles que permiten seguir trabajando y, a la vez, reforzar la prestación, lo que ha cambiado la percepción tradicional de “dejarlo todo” al jubilarse.


La edad real de jubilación sube entre los autónomos

Los datos oficiales más recientes apuntan a que el retraso en la jubilación ya se consolida como tendencia. En 2025, más del 30% de las nuevas jubilaciones en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) se produjeron por encima de la edad legal ordinaria. En la práctica, esto significa que una parte creciente del colectivo continúa en activo más allá de los 65 o de los 66 años y ocho meses necesarios para acceder al 100% de la pensión, según los años cotizados.

De hecho, la edad media real de jubilación del autónomo se sitúa cerca de los 67 años y continúa al alza. Detrás de esta decisión suele estar una planificación racional: cada ejercicio adicional de actividad no solo suma cotización, sino que puede mejorar la base reguladora y, por tanto, la pensión vitalicia.


Jubilación demorada: trabajar más tiempo para cobrar más

Dentro de este cambio de comportamiento destaca el auge de la jubilación demorada. Esta modalidad permite seguir trabajando una vez alcanzada la edad legal, recibiendo a cambio incentivos económicos. En los últimos años, el número de autónomos que optan por esta vía se ha multiplicado: de cifras cercanas a los siete mil casos anuales se ha pasado a más de dieciocho mil en el último ejercicio completo.

El aumento se explica, en gran parte, por la mejora de los incentivos tras las reformas: por cada año completo que se retrasa el acceso a la pensión, el autónomo puede incrementar su prestación futura con un porcentaje adicional que se mantiene de por vida. También existe la posibilidad de elegir un pago a tanto alzado o incluso combinar fórmulas, lo que aporta margen para ajustar la decisión a cada situación personal.


Jubilación activa: compatibilizar pensión y actividad

Otra opción que gana protagonismo es la jubilación activa, especialmente interesante para quienes mantienen negocios pequeños o una actividad profesional estable. Esta modalidad permite compatibilizar el cobro de la pensión con seguir trabajando, algo que encaja con la realidad de muchos autónomos que prefieren reducir el ritmo, pero no cerrar del todo.

Las modificaciones recientes han ampliado las posibilidades de acceso y han mejorado las cuantías compatibles con la actividad. En función del tiempo que se retrase la jubilación total, el porcentaje de pensión que puede compaginarse con el trabajo puede llegar al 100%, convirtiéndose en una alternativa muy atractiva dentro de una transición gradual hacia el retiro.


El factor estructural: pensiones medias ajustadas

Más allá de los incentivos, hay un elemento estructural que empuja a muchos autónomos a prolongar su vida laboral: la pensión media del colectivo ronda los mil euros mensuales. Para una parte importante de profesionales, esa cifra no permite mantener el nivel de ingresos deseado, por lo que retrasar la jubilación —o combinarla con actividad— se convierte en una estrategia de seguridad financiera.


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